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Quiénes eran las hermanas Mirabal o mariposas?

Frases de las heroinas
"Nada traduce toda la tempestad de mi
alma” Minerva
"Trujillo no le tiene nada bueno a este país” Patría
"La
juventud no debe estar tan tranquila frente a Trujillo” María Teresa
Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron tres mujeres de Ojo de Agua, paraje
perteneciente a una pequeña provincia de la República Dominicana llamada Salcedo.
Estas mujeres tuvieron la valentía de luchar por la libertad política de su país,
oponiéndose firmemente contra una de las tiranías más férreas que ha tenido Latinoamérica, la de Rafael Leonidas Trujillo.
Actitud por la que fueron perseguidas, encarceladas varias veces y finalmente brutalmente asesinadas el 25 de noviembre de
1960.

En honor a estas valientes hermanas, cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional
de la No Violencia Contra la Mujer. Esto fue establecido en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe celebrado
en Bogotá, Colombia en el año 1981.
Las hermanas Mirabal son también conocidas y representadas como las "Mariposas",
por ser este el nombre secreto de Minerva en sus actividades políticas clandestinas en contra de la tiranía Trujillista. Años
más tarde, Pedro Mir (poeta nacional dominicano) utilizó este nombre en su poema "Amén de Mariposas" donde expresa la tragedia
que fue el asesinato de las tres heroínas. En esta década, la destacada escritora Dominico-Americana Julia Alvarez titula
su novela basada en la vida de las hermanas Mirabal, En el tiempo de las mariposas. Publicación que establece todavía
más la representación de las hermanas Mirabal como las Mariposas.
Cristian Vásquez
Minerva Maria Teresa Patria

Heroínas de la lucha antitrujillista. Hijas de Mercedes Reyes Camilo (alias
Chea) y Enrique Mirabal, comerciante y hacendado. Nacieron en Ojo de Agua, en Salcedo, en ese momento común de la Provincia
Espaillat. La primera en nacer fue Patria Mercedes, el 27 de febrero de 1924, poco antes de que abandonaran nuestro país las
tropas interventoras de Estados Unidos, la segunda fue bautizada con los nombres de María Argentina Minerva, nació el 13 de
marzo de 1926, y la tercera, Antonia María Teresa, vino al mundo el 15 de octubre de 1935.
En Ojo de Agua realizaron
sus primeros estudios. Más tarde, en 1938, Patria, Minerva y otra hermana suya que aún vive, Bélgica Adela, alias Dedé (2
de marzo de 1925) fueron enviados a estudiar al colegio Inmaculada Concepción, en La Vega. María Teresa permaneció en el hogar
por cuestiones de edad: apenas tenía tres años.
De las cuatro hermanas, Minerva, según atestiguan quienes le conocieron
desde su infancia, demostró que vino al mundo con una inteligencia prodigiosa y con una notoria sensibilidad espiritual, factores
estos que la convirtieron en una persona sumamente atractiva; y en una devoradora de libros sobre literatura y poesía. En
sus ratos libres, Minerva además se ejercitaba en la pintura. Todas las hijas del matrimonio Mirabal Reyes, eran hermosas,
pero la belleza de Minerva fue legendaria. En el colegio donde estudió en La Vega, y donde se graduó de bachiller con excelentes
notas en 1946, participó como actriz de varias obras teatrales, y en otras actividades culturales donde actuó como declamadora.
En
junio de 1949, Minerva y sus padres, invitados por las máximas autoridades de su provincia, asistieron a una fiesta ofrecida
en Santiago en el Palacio de la Gobernación en honor al dictador Trujillo, que marcaría el inicio del rumbo trágico para toda
la familia: Trujillo conoció a Minerva Mirabal y se sintió atraído por su belleza. Ya en ese momento Minerva había conocido
al joven dirigente comunista Pericles Franco, uno de los fundadores del Partido Socialista Popular, quien había estado en
la cárcel varias veces, y con quien estableció amistad tan íntima, que mucho sospechaban que sostenían relaciones románticas.
A
los pocos días después que Trujillo fijó sus ojos en Minerva, de nuevo la familia Mirabal recibió, a mediados de agosto, otra
invitación del gobierno, esta vez para que asistieran a la fiesta de inauguración del Hotel Montaña, en Jarabacoa. En esa
oportunidad el dictador y su hijo Ramfis bailaron con Minerva. Trujillo aprovechó la ocasión para demostrar con galanterías
su atracción hacia ella, conducta que no fue del agrado de la joven y por tal motivo dejó de bailar.
El 12 de octubre de ese mismo año, día del descubrimiento de América, con el supuesto propósito de homenajear a la sociedad
de la provincia Espaillat, Trujillo organizó una nueva fiesta a la que invitó a la familia Mirabal, la cual fue efectuada
en “Villa Borinquen”, lugar de descanso del tirano situado en las cercanías de San Cristóbal. La invitación la
llevaron personalmente a la residencia de la familia de la heroína, el Gobernador de Moca, Antonio De La Maza y el Senador
de la provincia, Juan B. Rojas, clara señal del notable interés que tenía Trujillo de encontrarse de nuevo con Minerva.
Cuando
esta tercera invitación fue recibida por la familia Mirabal, su madre se opuso a que Minerva asistiera a la fiesta, pero luego
de examinar las implicaciones políticas que tendría tal negativa, decidieron enviar a la misma a una representación integrada
por el padre, y además Patria, Minerva, y Dede, los respectivos esposos de la primera y la tercera, Pedro González y Jaime
Fernández.
En esta oportunidad el tirano dominicano tan pronto llegó al lugar, reinició con mayor brio su intento de
atraer a la joven Mirabal. Bailó en varias oportunidades con ella, conversó largamente en medio del salón con la pretendida
y de nuevo fue rechazado.
Según su biógrafo William Galván, la inteligente y bella muchacha no sólo desairó a Trujillo,
sino que solicitó al dictador que “dejara tranquilo a ese joven tan inteligente y preparado que era Pericles Franco”,
solicitud que molestó profundamente al dictador.
Y lo que fue peor: después de enterarse la familia de la conversación
entre Trujillo y Minerva, todos llenos de temores, sin avisar previamente, se retiraron de la fiesta, desatando la cólera
del sátrapa que vio en esa actitud una irreverencia hacia su persona.
Apenas pocos días después de la fiesta, Enrique Mirabal, quien incluso por “consejos” del gobernador de Moca había
enviado un telegrama al tirano excusándose del retiro de su familia del acto por “motivos de salud”, fue detenido
y conducido a la cárcel. Poco más tarde, su hija, deseada por Trujillo, también fue apresada, y casi concomitantemente varias
de sus amigas: Enma Rodríguez, Violeta Martínez y Brunilda Soñé. Todas las prisioneras fueron investigadas sobre las supuestas
relaciones de Minerva con miembros del Partido Socialista Popular, y particularmente, con el dirigente comunista Pericles
Franco. Duraron en prisión varias semanas.
Pero a partir de este momento, fue montado sobre la familia Mirabal, y sobre
todo, a Minerva y sus relacionados, un riguroso espionaje, y Trujillo en persona —(y el gobernador de Moca)— era
informado permanentemente sobre todas sus actividades.
Y el padre, particularmente fue sometido a graves humillaciones
y a otras varias prisiones que terminaron enfermándole espiritual y físicamente. Murió el 14 de diciembre de 1953
En 1954, encontrándose de vacaciones en Jarabacoa, Minerva conoció allí a Manuel Aurelio
Tavares Justo (alias Manolo), también estudiante de derecho, con quien estableció relaciones que la llevarían al matrimonio
en noviembre del año siguiente. El mismo año que conoció a Manolo, su hermana María Teresa, se inscribió en la misma universidad
a estudiar arquitectura, carrera que no terminó, pues solo alcanzó el grado de técnica en Agrimensura. Durante ese período
ambas hermanas vivieron juntas en una pensión de la ciudad capital. Poco después María Teresa conocería a Leandro Guzmán,
con quien contrajo matrimonio.
Al igual que Minerva, Manolo Tavares tenía una elevada sensibilidad por los problemas
sociales y políticas y ya para ese momento, aunque secretamente, era un fervoroso opositor al régimen de Trujillo. Y por ello
sus amistades eran cuidadosamente seleccionadas en función de la unidad de criterios respecto a la trágica situación imperante
en el país.
Los últimos años de la década de los cincuenta fueron de inquietud social en toda América Latina, pues
la caída, primero, del dictador colombiano Rojas Pinalla, más tarde, la del venezolano Pérez Jiménez y en 1959 la huida de
Cuba del dictador Batista, tras el triunfo revolucionario de las fuerzas rebeldes de Fidel Castro, no sólo abrieron las compuertas
de la democracia en esos países, sino que levantaron la esperanza de cambios profundos en todo el continente.
Nuestro
país no escapó a esa realidad. Y con ello no es casual que en enero de 1959 en una reunión familiar efectuada en la residencia
de Guido D’Alessandro, sobrino de Manolo, donde se encontraban Minerva, Manolo, María Teresa, Leandro Guzmán y otras
personas, donde se pasó revista a la situación política creada en el Caribe, y muy particularmente a la cubana después del
triunfo de Castro, la heroína examinó por primera vez la posibilidad de organizar un movimiento para el derrocamiento de Trujillo.
Las
ideas de Minerva prendieron en todos los asistentes y fue acordado ese día iniciar los contactos con amigos y relacionados
en todo el país.
Por otra parte, la expedición armada del 14 de junio, procedente de Cuba, si bien fue aplastada por
la dictadura, también influyó en la conciencia de la juventud dominicana, y esa es la razón que explica, que el nuevo movimiento
político antitrujillista que comenzó a construirse y que efectuó su primera asamblea constitutiva en Mao el 10 de enero de
1960, en la Hacienda de Conrado Bogaert, adoptara como nombre el de la fecha de esa expedición.
En esa asamblea clandestina
a la que asistieron delegados de todo el país, en la cual sólo estaban presentes dos mujeres (Minerva y Dulce María Tejada
Gómez), la deidad de Ojo de Agua, tuvo una participación muy importante, interviniendo en varias oportunidades.
Para
presidir la Agrupación 14 de junio (véase) fue elegido Manolo Tavares Justo, Presidente, Pipe Faxas, Secretario General y
el ingeniero Leandro Guzmán, como tesorero y los demás, vocales.
Pero a los pocos días de la exitosa Asamblea de Mao,
una delación llevó a los servicios secretos de la tiranía informes no sólo con los nombres de los principales conjurados,
sino con muchos detalles sobre la importancia de la misma. La acción de los agentes represivos fue inmediata. El primero en
ser detenido en su residencia en Montecristi lo fue Manolo Tavares, a mediados de enero. Días más tardes, Minerva, luego su
hermana María Teresa, y su esposo Leandro Guzmán y también Pedro González. Al final de ese mismo mes, más de un centenar de
miembros del 14 de junio habían caído presos. Todos pasaron por la cárcel de la cuarenta donde fueron sometidos a increíbles
torturas. No pocos perdieron la vida.
Simultáneamente junto a Minerva, fueron apresadas otras mujeres: Ing. Tomasina
Cabral, Dra. Fe Violeta Ortega, Miriam Morales y la Dra. Asela Morel.
Es importante apuntar que la prisión de tantas
personas, en su mayoría muy jóvenes procedentes de la clase media alta, algunos cuyos padres tenían vínculos muy estrechos
con el tirano, creó un clima de tensión nacional sumamente adverso al gobierno. Y a ello se agregó la denuncia hecha por la
iglesia católica por medio de una carta pastoral condenando la acción.
Tal situación obligó a Trujillo, al parecer,
a poner en libertad a las mujeres detenidas, el 7 de febrero de 1960, y al mes siguiente y subsiguiente, a decenas de jóvenes
varones presos por simples sospechas. Sin embargo, el Dr. Tavares Justo, Leandro Guzmán, Pedro González, y los demás dirigentes
de importancia del movimiento, quedaron detenidos. Meses después, encontrándose la dictadura en una fase represiva general
que bordeaba la locura —(en estos días Trujillo ordenó el asesinato de Rómulo Betancourt, Presidente de Venezuela) el
18 de mayo, Minerva y María Teresa, fueron de nuevo apresadas, y sometidas a la justicia por “atentar contra la seguridad
del Estado” y condenadas a cinco años de prisión.
Para tal ocasión contrataron un jeep, un vehículo fuerte, pues la carretera elegida,
la que conduce a Puerto Plata por la vía de Tamboril, era difícil, y además, se encontraba en mal estado. Le acompañaba como
chofer, Rufino de la Cruz Disla.
En la visita que hicieron a Manolo y Leandro, las hermanas Mirabal comentaron a sus
maridos los rumores que circulaban en Salcedo sobre la posibilidad que sufrieran un “accidente”, estilo clásico
que utilizó la satrapía cuando ordenaba la desaparición de un opositor importante, con la supuesta intención de ocultar el
crimen.
El informe preocupó enormemente a los dirigentes del 14 de junio, y Manolo sugirió que cesaran los viajes,
y que se mudaran a Puerto Plata, para evitar transitar por carretera. La recomendación llegó tarde. La orden de asesinar a
las hermanas Mirabal ya había sido cursada, y en Puerto Plata se encontraban ya los ejecutores: Ciríaco de la Rosa, Ramón
Emilio Rojas Lora, Alfonso Cruz Valerio, y Emilio Estraba Malleta, todos miembros de Servicio de Inteligencia Militar. El
último, de origen cubano, había prestado esos mismos servicios a la dictadura de Fulgencio Batista.
Cuando las hermanas
Mirabal abandonaban a Puerto Plata rumbo a su hogar, fueron detenidas aparatosamente por un vehículo que interceptó el jeep
que los conducía. Introducidas a empujones al carro de los matones, y llevadas a un lugar previamente escogido en la carretera
bordeaba por un precipicio, y allí fueron muertas brutalmente asesinadas a garrotazos y luego de puestos los cadáveres en
el jeep, los sicarios, lo precipitaron hacia el abismo.
He aquí la fría narración de uno de sus autores: “Después
de apresarlas —narra Ciríaco de la Rosa— las condujimos al sitio cerca del abismo, donde ordené a Rojas Lora que
cogiera palos y se llevara a una de las muchachas. Cumplió la orden en el acto y se llevó a una de ellas, la de las trenzas
largas (María Teresa). Alfonso Cruz Valerio eligió a la más alta (Minerva), yo elegí a la más bajita y gordita (Patria) y
Malleta, al chofer, Rufino de La Cruz. Ordené a cada uno que se internara en un cañaveral a orillas de la carretera, separadas
todas para que las víctimas no presenciaran la ejecución de cada una de ellas. Ordené a Pérez Terrero que permaneciera en
la carretera a ver si se acercaba algún vehículo o alguien que pudiera enterarse del caso. Esa es la verdad del caso. Yo no
quiero engañar a la justicia ni al pueblo. Traté de evitar el desastre, pero no pude, porque de lo contrario, nos hubieran
liquidado a todos”.
Rufino de la Cruz (1923-1960). Campesino, conductor y héroe. Nació en Salcedo en
1923, en cuyos campos se dedicó al cultivo de la tierra de sus familiares. Simpatizante de la causa antitrujillista, en 1960
acompañó como chofer, a las Hermanas Mirabal, durante el viaje semanal que efectuaban a la cárcel pública de Puerto Plata,
con el propósito de visitar allí a sus esposos. Murió asesinado, junto a las heroínas, en La Cumbre, lugar cercano a dicha
ciudad.
Salcedo.com.do
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Las Hermanas Mirabal - The Mirabal Sisters Museo Hermanas Mirabal, Conuco, Salcedo
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Las Hermanas Mirabal--The Mirabal sisters: Patria, Dedé, Minerva
and Maria Teresa are Dominican heroines who made the ultimate sacrifice for their country. They gave up a privileged life
to fight against the abuses of a powerful and corrupt Dominican dictator: Rafael Leonidas Trujillo Molina. Trujillo had trampled
the constitution, abolished basic human rights, and terrorized his opposition with torture, imprisonment, and death. The Mirabal
sisters took up the struggle to bring down Trujillo's regime. On November 25, 1960, Patria, Minerva, Maria Teresa, and their
driver, Rufino de la Cruz, were murdered on the outskirts of Puerto Plata. They lost their lives struggling to restore democracy
and the rule of law to their beloved Dominican Republic. Their legacy will live forever in our hearts and the lessons they
thought us cannot be forgotten. Six months after the Mirabals' death, the Trujillo regime came crumbling down when he was
killed on the night of May 30, 1961.
--Historical facts and vintage photos by Miguel Aquino Garcia,
"Tres Heroinas y un Tirano" 6ta. Edicion
--Click here to watch the "In the Time of the Butterflies" movie trailer |
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Las hermanas Mirabal: heroicidad y martirio
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Angel Garrido |
Atanay.com.-Conferencia de Ángel Garrido dictada en la sede de la Organización Panamericana
de la Salud (OPS) en Washington, DC, y auspiciada por COPODO en conmemoración del cuadragésimo cuarto aniversario del asesinato
de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal.
Washington, D.C. (www.Atanay.com) En el curso de mi vida he reflexionado en innúmeras ocasiones
acerca del significado patrio --y humano en general-- del ingente sacrificio puesto por obra en mi país por las hermanas Patria,
Minerva y María Teresa Mirabal: “Mi madre no fue la guerrillera obstinada que aparece en la película. Mi madre diseñó
y cultivó el jardín de nuestra casa. Mi madre confeccionaba ropita y zapatitos de niños para nosotros”, le he oído decir
de Minerva Mirabal a su hija Minou Tavárez.
Con las primeras luces del alba de aquel fatídico 25 de noviembre de 1960 las tres hermanas Mirabal
se despedían de sus hijitos y demás familiares en el jardín diseñado por Minerva. Al volante del vehículo todoterreno que
las llevaría hasta la cárcel de Puerto Plata iba un héroe y mártir dominicano llamado Rufino de la Cruz. Varias personas de
la comunidad habían evadido el altísimo riesgo que en esa época comportaba conducir el vehículo en el cual se transportaran
las hermanas Mirabal: “Las muchachas no encontraron quien las acompañara aquel día porque todo el mundo tenía temor
por la tiranía”, había de rememorar muchos años después Miledys de la Cruz, hija de Rufino, “ellas lo buscaron,
y mi papá no se negó en ningún momento”, le diría Miledys en 1998 a la cineasta chilena Cecilia Domeyko.
Mata la vergüenza, que no el miedo; y por vergüenza había consentido Rufino de la Cruz en acompañar
a las hermanas Mirabal a la cárcel de Puerto Plata: “…ellas lo buscaron, y mi papá no se negó en ningún momento”.
Los maridos de Minerva y María Teresa Mirabal, luchadores contra la tiranía de Rafael L. Trujillo, habían sido trasladados
desde una cárcel próxima a la capital dominicana hasta la de Puerto Plata, en la costa norte del país. Es caprichoso el azar,
si le asiste razón a Joan Manuel Serrat: Patria Mirabal había solicitado aquel día el asiento del Land Rover de cuatro pasajeros
que en buena lid le habría correspondido a doña Fefita, la suegra de María Teresa Mirabal.
La carta que a la familia Mirabal le había cambiado a última hora el azar apareció envuelta en
un razonamiento exento de toda ponderación: Patria había esgrimido el argumento inapelable ante la muerte de que hacía mucho
tiempo que no veía a sus cuñados encarcelados. Si de evocar a Descartes se tratara, tendríamos que admitir que el corazón
de Patria Mirabal tenía razones que la razón no entendía: quería sin duda correrse la misma suerte de sus hermanas, y si le
hubieran fallado las razones del corazón, tal vez la tendríamos hoy sentada a nuestro lado mientras charlamos con ustedes
acerca de la heroicidad y el martirio de sus hermanas.
José Ortega y Gasset ha postulado que en todo hecho humano, además de una razón física matemática,
hay también lo que el filósofo español define como razón narrativa del hecho humano que nos ocupe. Para entender el hecho
humano que comporta la heroicidad y el martirio de las hermanas Mirabal habría que narrarlo.
Para intentar esa narración han organizado COPODO y la OPS la charla que intentamos materializar
esta tarde de domingo. La vida de las tres heroínas y mártires se desarrolla dentro del marco que delimitan las fuerzas sociales
y polícas que se mueven en el seno de la sociedad dominicana de mediados del siglo XX, pero el aporte de ellas tres a la lucha
por la libertad de nuestros pueblos trasciende en sentido espiritual el sacrificio de las hermanas Mirabal de la misma manera
que en sentido material la gran muralla china trasciende a Chin Sin Huang que la construyó.
Aquel ominoso 25 de noviembre de 1960, en la curva de Marapicada junto al puente en que fueron
detenidas y próximo al cañaveral en que serían a renglón seguido asesinadas, se jalonó un hito histórico que seis meses después
había de dar al traste con la horrorosa tiranía que durante más de tres decenios había padecido el pueblo dominicano. Sobre
el sicario Ciriaco de la Rosa había caído la bochornosa responsabilidad de asignarle un asesino a cada víctima, y el azar
–de nuevo caprichoso tantas veces como ganas le de-- había convertido a Silvio Núñez en el único testigo invaluntario
del crimen más atroz y abominable de la tiranía trujillista.
Silvio conducía un camión al servicio del correos dominicano y presenció sin remedio el momento
en que Rufino y las tres héroes restantes eran arrastrados hacia el cañaveral en el cual se ejecutaría el aberrante crimen.
Como los cuatro mártires habían sido asesinados a garrotazos crueles, los esbirros del régimen intentaron sin éxito simular
un inverosímil accidente automovilístico que llevaba en su seno la evidencia incontrastable de su propia imposibilidad: los
cuatro mártires habían sido desnucados a garrotazos fieros y la casualidad no podía ser tan selectiva como para reservarles
a todos el mismo golpe en la nuca de haber muerto los cuatro de resultas de un accidente automovilístico.
La burda pretensión de los esbirros había de ser desenmascarada en el acto por el fiscal Luciano
Ambriorix que desde Santiago vino. La maquinaria apabullante del terror trujillista le impuso el silencio.
En medio de la lucha con los sicarios que les habían detenido, Patria Mirabal alcanzó a gritarle
al camionero Sílvio Núñez: “Dígale a la familia Mirabal en Salcedo que los calieses nos han detenido y que nos van a
matar”. (Calié es un dominicanismo que significa agente secreto y cuyo origen se ha buscado en el término francés “cahier”
que significa cuaderno o libreta de apuntes: el espía toma nota.)
El hecho de que Sílvio Núñez recibiera tamaña encomienda de labios de la propia Patria Mirabal
ha llevado a su hijo Leonidas Núñez a sustentar que toda historia de las hermanas Mirabal estará siempre incompleta sin el
testimonio de su padre. Leonidas tiene razón.
Por desventura, y por previsible temor genético a la tiranía, no han entendido el compromiso patrio
que tal testimonio echa sobre sus hombros, y no lo han ofrecido nunca. Cecilia Domeyko, productora de un encomiable documental
sobre la espantosa tragedia dominicana, ha hecho todo lo posible por obtener el testimonio de Sílvio Núñez. No lo ha logrado,
y el país se corre el altísimo riesgo de que Sílvio se lleve consigo su testimonio a la tumba.
Sin embargo, el testimonio que sí aparece con lujo de detalles documentado en la historia reciente
del país dominicano es el papel jugado por Minerva Mirabal y sus hermanas en la formación del Movimiento Revolucionario 14
de Junio (1J4) que honró con su nombre la fecha del desembarco guerrillero del año 1959 contra la tiranía trujillista, y que
estremeció con sus acciones los cimientos de la misma: “Sólo tengo dos enemigos importantes: la Iglesia (católica, apostólica
y romana) y las hermanas Mirabal”, había dicho un año antes de morir el propio dictador. Se trataba de un tropo, de
una metonimia: Trujillo había aludido al todo por una de sus partes. Se refería el tirano a la Iglesia y al 1J4, que ya lideraba
Manuel Aurelio Manolo Tavárez Justo, esposo de Minerva Mirabal.
Era al movimiento revolucionario a quien temía en verdad el dictador, y desde luego no sería exagerado
en modo alguno decir que Minerva Mirabal, junto a su esposo Manuel Aurelio, era sin duda el ser que le insuflaba aliento a
dicho movimiento. Y el movimiento 1J4, ya lo hemos dicho, le rendía con su nombre tributo al importante aunque malogrado desembarco
guerrillero del año 1959, tal y como lo testimonia el himno que popularizara dicha organización política: Llegaron llenos
de patriotismo/ enamorados de un puro ideal/ y con su sangre noble prendieron/ la llama augusta de la libertad/ Su sacrificio,
que Dios bendijo/ la patria entera glorificará/ como homenaje a los valientes que allí cayeron por la libertad/ Catorce de
Junio, gloriosa gesta nacional/ sus mártires están en el alma poular/ Hermanas Mirabal, heroínas sin igual/ un grito vibrante
es el grito de la Raza Inmortal.
Ahí, señoras y señores, donde mismo las dejó el himno del 1J4; es decir, prendidas en el alma popular,
ahí están las hermanas Mirabal; y esa circunstancia explica que nosotros estemos reunidos hoy en este salón de actos de la
OPS para conmemorar un nuevo aniversario de una fecha que ya fue declarada en una reunión de mujeres latinoamericanas celebrada
en Colombia en 1981 como el “Día de la No-Violencia contra la Mujer”. Un día que ha de adquirir cada vez mayor
importancia en el mundo.
Desde luego que los que hemos nacido y nos hemos criado al calor de una lengua romance, acostumbrados
como estamos a valernos de la antonimia como recurso expresivo, habríamos preferido un antónimo de violencia para calificar
dicho día. Lo podemos hacer con holgura sin recurrir a la fórmula de negación no-violencia que nos acerca más a la lengua
inglesa que a la nuestra. Bien podríamos decir: “El Día Internacional de la Concordia hacia la Mujer”, o “El
Día Internacional de la Dulzura hacia la Mujer”, o “El Día Internacional de la Equidad, de la Ecuanimidad hacia
la Mujer”. Comoquiera se vale, y a las Mirabal se lo debemos.
Ya ven ustedes cómo se proyecta en el ámbito internacional el significativo aporte que a la libertad
de su pueblo hicieron estas heroínas de la provincia de Salcedo, en la región dominicana de El Cibao, quienes en la clandestinidad
antitrujillista eran conocidas por el delicado nombre de Mariposas. Cuesta creerle al cantautor Sílvio Rodríguez que él no
interpreta la indescriptible nostalgia de Manuel Aurelio Tavárez Justo cuando en sus versos musicalizados y vocalizados con
impar maestría consigna: Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero/ desde que sé que no vendrás nunca más/ He vuelto
a ser aquel cantar del aguacero/ que hizo casi legal su abrazo en tu cintura/ y tú apareces en mi venta, suave y pequeña,
con alas blancas/ yo ni respire, para que duermas y no te vayas/ ¡Qué maneras más hermosas de recordar tiene uno! / ¡Qué maneras
más curiosas! / Hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo/ ¡Mariposas, mariposas! / que emergieron de lo oscuro/ bailarinas,
silenciosas.
El pueblo árabe vincula al Paraíso el origen del olor de los niños, y la mitología occidental asocia
al Paraíso con un jardín. Minerva Mirabal había diseñado un jardín en un paraje de la provincia de Salcedo con nombre paradisíaco:
Ojo de Agua. Allí besaron ella y sus hermanas por última vez a sus niños. Allí ha erigido el pueblo dominicano un santuario
al amor a la patria, a la familia, a la humanidad.
Hacia ese mítico lugar han vuelto sus ojos las mujeres del contiente reunidas en Colombia en 1981
y han proclamado el 25 de noviembre, fecha en la que nuestro pueblo conmemora cada aniversario de su muerte, como lo que bien
pensado debería ser el Día Internacional de la Equidad entre la Mujer y el Hombre.
Las hermanas Mirabal no cejaron en su lucha a pesar del espantoso antecedente de que a lo largo
de 31 años todo el que había tratado en la República Dominicana de derrocar el régimen de Trujillo había fracasado. Rafael
L. Trujillo había echado en torno suyo las bases del capitalismo moderno en nuestro país. Trujillo encarnaba en sí mismo la
figura del dictador y la del primer burgués moderno que en el sentido sociológico de la palabra tuviera el país dominicano.
Esa dualidad explica el control absoluto que sobre hombres, mujeres y haciendas llegara a ejercer
el tirano. Controlaba en persona, o a través de familiares y amigos íntimos, el poder politico y militar, así como la industria,
el comercio y la banca.
Carecemos por desventura de los recursos descriptivos indispensables para poder transmitirles a
ustedes esta tarde de domingo una idea siquiera aproximada de lo que era la República Dominicana de mediados del pasado siglo
XX. Dígase a guisa de ejemplo que Trujillo ha sido desde siempre y hasta hoy el único ser de la vida de Dios que se ha atrevido
a secuestrar dentro del territorio nacional estadounidense a un refugiado político para transportarlo vivo hasta otro país,
torturarlo y asesinarlo luego. Eso hizo con el exiliado vasco Jesús de Galíndez. Y añádase además el hecho de que ese mismo
secuestro le costó también la vida al piloto estadounidense que hasta Santo Domingo lo transportara. Dígase asimismo que ha
sido el único miembro de la variopinta fauna dictatorial de América Latina que se ha atrevido a cambiarle por el suyo el nombre
a la capital del país. Fue así como la histórica Santo Domingo pasó a llamarse Ciudad Trujillo.
Pero no solo la capital del país tomó por disposición de un senado gomígrafo el nombre del dictador.
También las calles, las avenidas, los puentes, las provincias, las escuelas públicas se llamaban como él o como sus familiares
más cercanos. La capital dominicana es atravesada de norte a sur por el río Ozama, en cuya margen occidental se preserva encascado
en hormigón el árbol de ceiba en el que la tradición asigna proís a la carabela en que navegaba Colón.
En la margen oriental del mismo río existe una urbanización que lleva su nombre: Ensanche Ozama.
El río es atravesado desde 1955 por un puente que hoy se llama Duarte en honor al fundador de la República, pero que en tiempos
de Trujillo llevaba el nombre de su hijo mayor. La calle que da a la cabecera occidental del puente era perpendicular a otra
que llevaba el nombre del padre del tirano, la cual a su vez pasaba frente al parque que hoy se llama Enriquillo en honor
al primer indio que en América se rebelara contra el dominio europeo. La avenida que empalma con la margen oriental del puente
llevaba el nombre de su hijo menor. Y esa avenida era a su vez perpendicular a otra del Ensanche Ozama que llevaba el nombre
de la mujer de Trujillo.
El ingenio popular dominicano le atribuye al chusco la siguiente respuesta a un peatón que le pidió
las coordenadas para llegar hasta una ferretería que quedaba enfrente al parque que llevaba el nombre de la madre del dictador:
--Mira –le recomendó--: caminas recto por la avenida de la mujer; giras a la derecha en la
avenida del hijo menor; atraviesas el puente del hijo mayor; giras de nuevo a la izquierda cuando llegues a la avenida del
papá, y cuando hayas llegado al parque de la mamá, verás del lado derecho la ferretería que buscas.
Pero no asuman por favor que por haberle visto la frente al tirano, ya le vieron la parte posterior
de la cabeza. Les queda mucho por ver y por saber.
En el terreno sociológico, lo mejor sería que le cediéramos la palabra a Juan Bosch, intérprete
por excelencia de lo que fuimos y lo que somos, y profeta en igual medida de lo que deberíamos ser: “…en septiembre
de 1940 liquidó (Trujillo) la deuda externa dominicana y su gobierno tomó posesión de las aduanas, que habían estado bajo
control norteamericano desde principios de siglo.
A partir de ese momento Trujillo no tendría ataduras de ninguna especie para manejar la política
económica del Estado y la República entraría a marchas forzadas por las sendas de un país burgués, si bien con las limitaciones
propias de una sociedad que todavía no estaba regida por una burguesía nacional, sino por una burguesía familiar, casi unipersonal.
En octubre de 1941 quedaba fundado el Banco de Reservas, que consistía en el traspaso al Estado con un nombre nuevo de las
sucursales de The National City Bank of New York.
El hecho de que el primer banco nacional tuviera que ser creado por el Estado da una idea bastante
aproximada de lo que sucedía en el orden de la composición social; menos de tres años después iba a celebrarse el primer centenario
de la República y el país no tenía un banco comercial y de crédito dominicano, y cuando lo tuvo fue establecido por el Estado
porque ningún comerciante o empresario dominicano tenía idea de lo que significaba un banco dominicano. En el siglo XIII,
antes aún de que tomara el poder político, la burguesía de Florencia manejaba bancos que operaban en toda Europa; casi siete
siglos después, lo que algunos llaman la burguesía dominicana no sabía para qué servía un banco”. Véase al respecto
Composición Social Dominicana, decimosexta edición de Alfa y Omega fechada en Santo Domingo en julio de 1988, páginas 403
y 404.
Ese, amigas y amigos, era el país en el cual luchaban las hermanas Mirabal.
El 10 de enero de 1960, en una finca de la ciudad dominicana de Mao, se reunió un grupo de jóvenes
luchadores para dejar fundado el movimiento revolucionario 14 de Junio. Minerva Mirabal había de jugar aquel día un papel
determinante. Fue propuesta para presidir el movimiento, pero ella le cedió la vez a su esposo, Manuel Aurelio Tavárez Justo:
la lealtad del corazón valió por todos los salmos. Pero de resultas de los deleznables servicios de un traidor la tiranía
había de desvelar días después los planes del movimiento. Tavárez Justo sería el primer prisionero, y la saña de los sectores
más retardatarios del país contra él no cesaría jamás hasta verlo muerto. Había de caer asesinado tres años y meses más tarde,
luego de haberse hecho al monte en defensa del primer gobierno democrático que tuvo el país en varios decenios.
Encabezado por Juan Bosch, ese gobierno había sido elegido con casi un 60% de los votos emitidos
el 20 de diciembre de 1962, y había sido juramentado el 27 de febrero de 1963. A los siete meses de inaugurado el nuevo gobierno,
una conjura infame desató sobre el país los demonios de la guerra civil y un nuevo y dilatado período de cárceles, exilios
y asesinatos que bien habríamos podido evitar de haberse preservado la Constitución democrática en cuya defensa ofrendó su
vida Manuel Aurelio Tavárez Justo y el grupo de aguerridos compañeros que hasta nuestras montañas le acompañó.
Ofrendaron en defensa de la Constitución la propia vida, es cierto. Pero también la ganaron para
las generaciones y presentes y futuras. Todas las virtudes tienen en el honor su raíz. Y tanto respetó la Raza Inmortal el
código del honor que por ósmosis dialéctica permearon al propio adversario. Don Emilio de lo Santos, un jurista de renombre
que había presidido el año anterior la Junta Central Electoral que validó con apego a la ley el triunfo de Juan Bosch en las
elecciones del 20 de diciembre de 1962, y que había sido sonsacado por los golpistas para que presidiera el gobierno de facto
que asumió el Poder tras el golpe de Estado, se había atrevido a garantizar la vida de Manuel Aurelio Tavárez Justo y sus
seguidores armados. Cuando supo que los militares les habían asesinado sin ningún apego a las leyes del honor, abdicó en el
acto a la presidencia de la República y en un gesto sin precedentes en la historia universal caminó cabizbajo desde sus oficinas
en el Palacio Nacional hasta su hogar sito en el casco antiguo de la capital dominicana.
A pie llegó a su casa don Emilio de los Santos, pero libró con el gesto a su descendencia del estigma
del deshonor patrio.
Por la vía que señalan la Constitución y las leyes adjetivas del país dominicano, otro caballero
de honor ejerce hoy la primera magistratura del Estado: “Siento la presencia de Juan Bosch cada mañana al entrar en
mi despacho”, ha declarado en público en fecha reciente el presidente dominicano Leonel Fernández.
Reivindicamos hoy el ingente sacrificio de las hermanas Mirabal, como una manera modesta de resarcir
a su familia y a la humanidad toda. Reivindicamos a la vez el sacrificio de todas las madres dominicanas: la mano que mece
la cuna, bien debería regir el mundo. La misma mano que trazó un jardín en Ojo de Agua jalonó con su insobornable conducta
otro hito en el largo y escarpado camino del pueblo latinoamericano hacia su libertad y dominio de sus riquezas naturales
y de sus enviables recursos humanos. Ningún lugar más apropiado para hablarles esta tarde acerca de la heroicidad y el martirio
las hermanas Mirabal que esta organización encargada de velar por la salud de todo un continente, y a cuyo servicio ha laborado
el doctor Jaime David Fernández Mirabal, hijo de doña Dedé Mirabal, única hermana Mirabal sobreviviente a la implacable saña
de la dictadura y el oprobio.
El camino hacia el futuro lo trazaron aquellos jóvenes que lideraban Minerva Mirabal y sus compañeros:
“La vejez”, ha consignado el riquísimo refranero del pueblo ruso, “es más sabia que la juventud, pero la
mañana sabe más que la tarde”. Con el asesinato de aquellas tres valientes mujeres y de su aguerrido acompañante Rufino
de la Cruz, la vejez tiránica no pudo impedir el amanecer de la libertad que con su noble gesta apuntalaron las hermanas Mirabal.
¡Gloria eterna a su memoria!
(Atanay.com)
Fuentes:
Reginaldo Atanay, Ausberto Hidalgo, Salcedo.com y Ramón Barros
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